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5 ago. 2012

La película de la vida...


A veces, a lo largo de nuestra vida, nos apegamos a la identificación que fuimos creando de nosotros mismos; gordo, flaco, pobre, rico, trabajador, universitario…
No es lo que realmente somos, es solo una interpretación, “teatral” de la mente.
¡Da lo mismo cualquier personaje! Al fin cada ego es solo eso…
La mente nos impulsa a luchar, a defender el papel que interpretamos o a envidiar la fortuna de otros…Pero cada uno de ellos tiene sus placeres y sus desdichas. Podríamos pasar la vida entera, y mucho más, persiguiendo ilusiones, para concluir, finalmente, que en la separación, en el individualismo, no hay dicha permanente. Pensamos que la orilla del frente es la mejor…hasta que la conocemos.
Pero… ¡a no preocuparse! Mientras estemos en el rodaje, seamos libres y no esclavos de un rol determinado. Jugar, cambiar, experimentar, libres de expectativas… ¡Es posible!
Si podemos acostumbrarnos a ser testigos de todas estas interpretaciones del ego, si estamos presentes y concientes, vamos descubriendo cómo la mente nos envuelve en un diálogo permanente. Escuchar ese diálogo como quien lo ve desde afuera, es ser observador y testigo. Y la película va perdiendo dramatismo...

Somos una esencia y miles de personajes.

No darle importancia verdadera al afuera y actuar desde la esencia de amor universal que nos une a todos, entre humanos y hacia toda la creación, es el camino hacia la plenitud. La diferencia no está en el personaje, sino en el amor y la entrega a la vida desde nuestro ser más íntimo.

16 jul. 2012

Aprendizaje...

Cuando busques un maestro, no te quedes en estereotipos. Piensa en todo y todos los que te rodean como un espejo donde poder verte, con aquellas cosas que te gustan y las que no, con sus luces y sus sombras, su belleza y su fealdad, su alegría y su tristeza. Mira entonces cuánto de ello está en ti. Hazlo con valentía. Todos quisiéramos ver dentro  nuestro solo cosas hermosas, así es como muchas veces dejamos en las sombras aquello que no nos gusta, que no aceptamos de nuestra personalidad…Entonces no nos reconocemos…
Ten presente que descubrir y aceptar esos aspectos es el primer paso para empezar a  sanar y sanarnos en la relación con los otros.
En todo caso se trata, de un modo u otro, de lograr que la personalidad no actúe como una coraza, obstaculizando la energía amorosa que quiere brotar desde tu conciencia –corazón. Imagina que vas andando con una pesada armadura. Eres tú o los otros. Eso es lo que nos han enseñado. Y así estamos, caminando con pesadas cargas, sin ver que todos necesitamos amor. Todos necesitamos estar livianos, Todos necesitamos dejar caer nuestra máscaras y reconocernos en la esencia de nuestro ser.
Cada relación, cada persona, cada suceso que acontece en nuestras vidas puede convertirse en un maestro. Llega a nosotros de diferentes formas y actúa de diferentes modos. Queda en nosotros aprender a escuchar, a ver, a sentir…


18 dic. 2011

Autorretrato


Soy una idea que busca cuerpo.

Soy tan pequeño…¡Y rápido crezco!
Soy rebeldía…Y mi identidad no encuentro.

Soy búsqueda,
suelto lo viejo y  en el vacío me pierdo.

Parece que no soy nada,
y a la vez puedo ser todo.

Soy quien celebra la vida,
y el alma que llora en un cárcel de huesos.

Soy luz y alegría,
oscuridad y tristeza.

Soy caminante y sendero.
Lo inmortal es mi esencia.

Soy uno con todo y todos,
aunque a veces no lo recuerdo…

Carlos Iacono 

3 jul. 2011

Carta de amor para Claudia - Madrugada de domingo...


Cada vez que me das tu amor, te descubro fascinado y me emociono, como si fuera la primera vez.
Pienso algo… Me distraigo…Luego regreso a la inmensidad de este momento.
Siento tus manos como si no las conociera. Me maravillo por su delicadeza y suavidad. Me entrego a tus caricias…

Nos quedamos casi quietos, sin embargo me siento flotando suavemente en un mar de dicha.

Tu corazón atraviesa mi espalda para instalarse en mi propio pecho… ¿Esos son mis latidos o los tuyos?  O quizás los de ambos sincronizados misteriosamente por algún poder divino.

Cuanto tiempo pasó para que pudiera mirarte embelezado, para disfrutar de cada centímetro de tu piel, para adorar el templo de mi amada…Cuanto he debido aprender… Aprender a descubrirte  cada día…Cuantas veces habré mirado sin ver…

O quizás no era necesario aprender nada, solo entregarse plenamente a la experiencia del amor.
Encontrar el botón que apaga el ruido de los pensamientos…
No darle cuerda al reloj para que se detenga el tiempo…
Entonces quedamos solos, sin pasado ni futuro, en una vivencia extraordinaria del presente.

Me enamoro de la vida. Agradezco este momento. Siento la vibración en todo mi cuerpo. ¿Quizás tampoco había tomado conciencia antes de él? O al menos no de este modo tan profundo.

Amo este momento.
Amo tu cuerpo y el mío.
Amo con todo mi corazón. Ese corazón que parece no entrar dentro del pecho, pleno, colmado de dicha.

¿Es por nosotros dos, o porque nos hicimos uno con la existencia?
Es uno y lo otro. Lo descubro a la mañana cuando observo el mundo maravillado por su belleza. Las olas del mar son hoy más hermosas que nunca, con su espuma, con sus infinitas curvas y burbujeos. Es como si no las hubiera visto jamás. Los sonidos del viento, la caricia del sol, el aroma de la orilla, todo se descubre ante mis ojos en una armonía maravillosa, en una perfección inmejorable.

Me duermo un poco, entregándome dulcemente a esta ola de amor que me cubre por completo, con el deseo infinito de vivir sintiendo así cuando despierte.

29 jun. 2011

Afirmación




Me acepto tal como soy. Me amo. Hoy soy este ser y dejo de anhelar ser otro. Quizás lo sea algún día, quizás no.

La existencia me permite ver quien soy y fluir con ella en este momento. Puedo percibir el paso siguiente, sin preocuparme por el futuro.
Solo eso necesito.

Aceptándome a mi mismo y al presente voy con la vida, amo, disfruto de ser y abandono el sufrimiento creado por la mente. Gracias.

17 jun. 2011

Crecer juntos...


Cuando en lo cotidiano de nuestras vidas estamos atentos y concientes, sentimos con nuestra compañera el amor que nos cautivó al conocernos, vemos la alegría en sus ojos, la juventud en la piel, sin que el tiempo cambie nuestro modo de ver y sentir.
Si cada día, en lugar de transformarse en rutina, encuentra el encanto de cada amanecer, único e irrepetible, cualquier acción toma un gusto especial. Preparar una comida, compartir una caminata, servir al otro en lo que nos toca hacer, se convierte en algo mágico, matizado con abrazos y una suave espera por acariciar la piel del ser amado.
Entonces no hay desgaste ni aburrimiento, sino el encanto de compartir plenamente todo lo que la vida nos trae, sin buscar seguridades, sin limitarnos mutuamente.
Así el amor se redescubre día a día. Renacemos en él a cada instante. Vivimos peligrosamente, ya que nuestro amor no pretende atar, sino dar libertad. Y en esa libertad nos sentimos cómodos y fascinados por cada nueva experiencia. Sentimos el calor del nido y no queremos alejarnos de él. Desde aquí podemos ver la inmensidad que nos rodea. No hace falta volar lejos. Estamos bien aquí…

3 jun. 2011

Valor y renacimiento...



Y la semilla al fin encuentra aquello que le permite empezar a latir con una vida nueva, rompe la cáscara que la protegía y alza su brote hacia los cielos, dispuesta a aceptar la aventura del renacer.
La tierra le brinda sostén.
El agua se convierte en savia al fluir dentro de ella.
Poco a poco, las formas van mostrando toda la belleza contenida en su interior.
Da todo de si, en una sinfonía armoniosa compartida con toda la existencia. Se hace una con ella, y participa de la danza de la vida.
Ya puede sentir el florecimiento que, guardado desde siempre en su interior, esperaba pacientemente la oportunidad de manifestarse. Ya nada puede detener su crecimiento. El rocío de la noche y las caricias del sol conspiran dándole gracia y frescura.
Ni el viento fuerte, ni la tormenta son amenazas  para su ser.
Su naturaleza le otorga fuerza y flexibilidad, aumentando la confianza en su propia energía, ya que se siente unida con el todo.
No hay futuro, solo un eterno presente en el que paso a paso, latido tras latido, la invita a expresarse totalmente, con el mismo valor que necesitó para nacer.

10 abr. 2011

Sobre un tallo y una flor…



Una leve tristeza ronda el aire...
Tristeza por un pimpollo que empezaba a abrirse y cae al suelo sin haber mostrado a la existencia su fragancia, su belleza.
Una flor que quería expresarse plenamente, entregándose a la vida sin saber cuanto duraría su esplendor, satisfecha y gozosa de ser total, aunque fuera solo un instante…
Quizás un sol tan intenso aceleró su caída. Tal vez, el tallo no se sentía con fuerzas para sostenerla. Dudó entre entregar de sí la energía necesaria para brindarse completamente a la flor, porque esto podría poner en riesgo su propia existencia. Se desprendió de ella finalmente, imaginando que nuevas flores volverían a crecer algún día de su propia savia. Pero eso no es seguro. ¿Será árbol o hierba? ¿Habrá otra primavera o esta era su única posibilidad de florecer?

El momento ha pasado y aquella que no pudo ser, nunca será…
Su tiempo fugaz la rindió a la tierra, antes de tiempo…
Su fragancia no se esparció en el aire…
Su belleza no se mostró al caminante solitario…
El tallo no tuvo el amor suficiente para alimentarla…
No pudo ser…

Quiso comprender antes que sucedería, sin notar que la respuesta estaba en la entrega sin medidas… Esa flor traería consigo, una vez madura, la semilla necesaria para renacer.


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