fondo

22 ene. 2012

Música del alma...


Cuando te conviertes en un  instrumento del Amor en la tierra, vibra una dulce melodía en ti, que deleita a quienes están cerca y comparten parte del camino.
Estás en sintonía con toda la creación y tu corazón expresa la alegría de Ser, como quien canta una bella canción… Y yo canto contigo, compartiendo la música del viento y las hojas,  el canto de los pájaros, el sonido del mar…
Pero a veces la mente quiere cantar su propia canción…¡No es más que ruido!
Quizás sea difícil eliminar el ruido por completo, pero ajustando la sintonía, podemos lograr que la música del alma suene más fuerte y soñar con un mundo diferente…

Sueño con miles de corazones que despiertan …
Sueño con la bella sincronía de un coro de voces  e instrumentos afinados cantando a la sublime creación… Una maravillosa música que nadie querrá dejar de oír, en la que todos querrán participar…
Sueño que no es sueño, porque esta canción de amor es posible…

Filmamos este video mientras recorríamos un templo budista de la ciudad de Lampun, en el norte de Tailandia. Observando a su gente con sus reverencias a buda, con sus ofrendas, oímos esta música que nos llamaba desde otro sector del templo. Una música simple pero encantadora, interpretada desde el corazón, desinteresadamente...Solo para alegría de los visitantes.
Carlos y Claudia

4 ene. 2012

Era un niño que soñaba



Era un niño que soñaba
y volaba. ¡Qué alegría!
Abrió los ojos el niño
y con sus brazos extendidos
una mariposa corría…

El niño volvió a soñar
con un pájaro colorido.
“¡Ahora no te escaparás!
Volaré sin hacer ruído…”

El niño se despertó.
Tenía el puño cerrado

y piedras en los bosillos.

Quedóse el niño muy serio
porque sus años pasaban
sin juguetes ni frazadas.

Y ya no volvió a soñar.

Pasaba rápido el tiempo
y el mozo tuvo un amor.
Sintiéndose volar preguntaba:
“¿Tú eres de verdad o no?”

Cuando el mozo se hizo viejo
observaba las montañas,
viento, pájaros y cielos,
flotando entre todos ellos…

Y cuando vino la muerte
a adueñarse de su cuerpo,
nuevamente preguntaba:
“¿Tú eres sueño?

¡Despójame de este peso!
Y haz más liviano mi vuelo….”



Carlos Iacono
Intertexto de Antonio Machado.
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